Descubriendo la ciudad con ojos de explorador

Por Apē – estudos em mobilidade (São Paulo, Brasil). Colectivo con actuación en la area de mobilidad, espacio urbano, arquitectura y educación. ape@apemobilidade.org | www.facebook.com/apemobilidade


Caminar, descubrir y sentir la ciudad bajo los pies y en frente de los ojos, al alcance de sus pequeñas manos. Observar la naturaleza que insiste en borrar el gris de las aceras. Escuchar los pajaritos y los insectos que nos hablan también, a pesar del ruido constante de las construcciones, de los automóviles y de la gente que habla y ríe. Observar cómo las personas son tan interesantes y tan distintas: están los feos, los delgados, los que hablan raro, con pelo en la cara, aquellos que tienen hambre, a los que les gusta ponerse calcetines de color, los que llevan perros y los que van deprisa, los que nos hablan y tienen buen humor, y también los que ni siquiera pararon sus coches para que cruzáramos la calle. Pero sí, hay tanta vida y tanto color para explorar en la calle, hay tanto aprendizaje en nuestra ciudad.

Fuera podemos tener contacto con otra visión de nosotros mismos, a través del descubrimiento de aquello que ignoramos pero junto a lo que vivimos. Fuera podemos ver cómo la gente se organiza, o cómo las hormigas son tan inteligentes y se colocan en fila, despacito, hasta llegar a un agujero con la comida. Fuera pensamos cómo utilizar nuestra faceta de exploradores para hacer observaciones dentro de las más variadas temáticas.”Exploradores de la Calle”, dispuestos a aprender de la experiencia vivencial y practicando la mirada atenta. Claro, ¡así es muy fácil ser explorador!

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Reactivación de una plaza a través de la construcción de abrigos con la participación de los niños y sus familias. Foto: Julia Reis.

El espacio construido que habitamos, como seres colectivos, ejerce fuerte influencia sobre los individuos, que crean una identidad al reconocerse en un grupo, en una comunidad o en una ciudad. El ambiente tiene costumbres que, aunque no nos damos cuenta, crean nuestros hábitos: mientras no estemos acostumbrados a considerar los niños como parte del ambiente de la ciudad, seguirán como parte excepcional del paisaje y permanecerán alejados de su vivencia auténtica. Cuanto más lejos estén del ambiente urbano, más hostil será este ambiente  para ellos, formando un ciclo difícil de romper.

En la metrópoli de São Paulo este ciclo ya es muy fuerte: no es nada común ver niños por las calles. Pero, paradójicamente, sí se observa su presencia en la periferia, donde el espacio público no tiene calidad, donde las aceras no son tan generosas como las del centro y no muestran ninguna receptividad. Contradicciones de los espacios social y político de la ciudad.

Al proponer sacar los niños a la calle, el objetivo es extender el espacio que les suele ser ofrecido (la escuela) en dirección al barrio, creando una sensación de pertenencia – y por lo tanto seguridad – que antes estaba restringido a la clase y a unos pocos compañeros. Los tentáculos de la libertad se expanden hacia la panadería, la plaza, la casa de los amigos, para llegar a sus propios hogares, alcanzando la familia. En suma, se logra la experimentación de una ciudad más amigable. En esta ciudad ahora palpable se vive, convive, aprende y juega.

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Alumnos de la EMEI António Figueiredo Amaral en visita al LAB74, taller de marcenaria en el barrio de Barra Funda. Foto: Julia Reis.

Como decimos, todo lo que se observa puede ser transformado en descubrimientos y exploraciones de ingeniería, física, biología, sociología o historia. La ciudad es, por lo tanto, la más grande escuela que podemos encontrar. ¿Por qué no aprender con y en ella?

El proyecto que se describe en esta entrada nació como un aporte a un premio de arquitectura junto a una institución cultural de São Paulo, pero al final se convirtió en algo mucho más grande que eso: más allá del edificio, más allá del museo, su influencia llegó a la ciudad y al programa escolar. Al recibir la propuesta de pensar en la acción educativa, el grupo Apé – estudos em mobilidade ya contaba con más de dos años de recorrido, discutiendo referencias y experimentando acciones directas en la ciudad de São Paulo relacionadas a la movilidad, los traslados y el transporte público o activo (bicicleta), aunque orientadas a un público adulto. La infancia nos trajo de vuelta la serenidad, la pequeña escala y el acto de caminar.

Dispuestos a crear verdaderos exploradores de la calle, la principal idea fue poner a esos niños sobre sus propios pies: hacerlos caminar, crear nuevas costumbres y otras maneras de aprender. Los alumnos no se sienten seguros – ¡o capaces! – a la hora de proponer actividades en clase distintas a las que les suelen presentar sus profesores. ¡Mucho menos plantear salidas! No porque tengan miedo de salir a la calle – al revés de lo que ocurre con los adultos -, sino porque no tienen esta libertad desarrollada. Por eso, parte importante del desarrollo del proyecto fue aproximarse y sensibilizar a los padres y educadores, demostrándose la importancia de la autonomía de los niños en la ciudad. Las actividades lúdicas y pequeños juegos y desafíos fueron muy importantes en este sentido.

En la realidad urbana de São Paulo, en la que se suele percibir primeramente lo feo, lo peligroso, el caos… intentamos notar, descubrir y observar el detalle, lo bonito, lo aromático, lo colorido… desde las miradas a 1,20 m. Aunque aquí estamos habituados a pensar que para hacer actividades extraescolares es necesario tener mucha organización (decidir con antelación, alquilar transportes, reservar espacios e instructores en los museos… ) las experiencias nos ayudaron también a desenmascarar este mito: sólo es necesaria la voluntad.

Hasta ahora el proyecto ha sido realizado con tres escuelas públicas de São Paulo con las que seguiremos trabajando y experimentando, hasta que nuevas oportunidades se crucen en nuestro camino. El paseo y la ciudad deben convertirse en recursos permanentes del programa escolar de modo que la apropiación y relación con los lugares venga naturalmente y sin miedos.  El espacio urbano, en suma, debe volver a ser paisaje habitual de la infancia y los niños deben ser vistos como usuarios de la urbe, tal y como vemos a todos los demás.

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Equipo de exploradores delante del mapa de la región desarrollado como preparación para una acción de exploración del sitio. Foto: Julia Reis.

Bibliografia:

[1] ANVERSA, Júlia Savaglia. Caminhos narrados: lugares no percurso do ônibus. Trabalho Final de Graduação – Faculdade de Arquitetura e Urbanismo, Universidade de São Paulo. São Paulo, 2014.

[2] TONUCCI, F. La Ciudad de los Niños. Graó, Barcelona, 1991.

[3] RIBEIRO, Marieta Colucci. A criança no espaço urbano: caminhos escolares. Trabalho Final de  Graduação – Faculdade de Arquitetura e Urbanismo, Universidade de São Paulo. São Paulo, 2014.

[4] RISSOTTO, Antonella; TONUCCI, Francesco. Why do we need children’s participation? Institute of Psychology – National Research Council. Roma, 2001.

Referencias:

[1] Pedibús – http://www.pedibus.ch/

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